viernes, 24 de marzo de 2017

La aldea japonesa donde se permiten los incestos

En todos los países existen leyendas urbanas sobre ciudades ocultas o prohibidas, y Japón no es una excepción, mucho menos cuando una de las religiones mayoritarias es el sindoísmo, que adora a un montón de espíritus y entes sobrenaturales, lo que todavía da más coba al nacimiento de todas estas fábulas.

En el caso de Japón, hablaríamos no sólo de un lugar oculto, sino también prohibido e incluso maldito. Esta aldea es conocida como Inunaki, y se habla de una zona vallada y restringida, a la que se prohíbe el paso, y en donde un cartel indica que las leyes del país no tienen validez allí. Se dice que todo el que ha ido en su busca, nunca ha vuelto, convirtiéndose así en una especie de Triángulo de las Bermudas; y que por su territorio campan a sus anchas los crímenes más viles: robos, asesinatos e incestos.


Y es curioso que el incesto se incluya entre estos crímenes abominables, ya que Japón ha sido durante siglos una monarquía, cómo no, de origen divino, y la unión entre familiares para prolongar la estirpe era casi una obligación. Pero está claro que entre el pueblo llano esta cuestión no está tan bien vista, y considera que la unión de madre e hijo follando por ejemplo es poco menos que una aberración, asemejándolo a crímenes como la violación y el asesinato.

Sin embargo, a veces hay sentimientos que no pueden reprimirse, como se puede ver en este vídeo, donde su una madre siente muchos celos ante la relación de su hijo y su hija, a causa de la atracción que siente por el primero:



Y eso que, si hay algo extremo en el tema de incestos, es precisamente esto, las relaciones que puedan existir entre una madre y un hijo. Se supone que el amor maternal es el más grande y el más puro que pueda haber, y si éste se ve enturbiado por sentimientos amorosos e incluso deseos sexuales, ahí sí que ya todo puede ser posible. Y para los japoneses, tan arraigados a sus tradiciones y a lo que son las nociones del bien y del mal, esto no es fácil de comprender (vamos, a veces no es fácil ni para otras culturas más liberadas), y por supuesto, más que tolerarlo o ignorarlo, lo que hacen es prohibirlo.

No sé si también toman esa actitud intolerante contra otras relaciones incestuosas, digamos, más livianas: primos y primas, tio y sobrina, abuela y nieto... O si la cuestión sanguínea pesa lo suficiente para que esto no les parezca aceptable. Sí se tienen noticias de hombres que se han casado con las mujeres viudas de sus hermanos, o que al menos las han acogido en su casa haciéndose cargo de ellas como si fueran sus esposas; no me queda claro si hacen vida conyugal o no, pero a la vista de los demás la relación es idéntica. ¿Es entonces, como digo, cuestión de la sangre común que corre por las venas, o quizá el llamado incesto tiene otras connotaciones?

No es fácil contestar a esta pregunta si no se está allí mismo, en Japón, y tengo la impresión de que, aunque así fuera, la cuestión traería controversia. Por supuesto, no creo que todo el mundo en el país nipón tenga la misma opinión, mucho menos cuando hay tanta diferencia entre las gentes de las grandes ciudades y de las zonas rurales, y no sólo a nivel de estudios o nivel de vida, sino también culturales. Al fin, y aunque todos mostraran su rechazo al principio, yo creo que cada cual tendría que verse en la circunstancia para opinar, y no sólo lo digo por los japoneses, sino por nosotros mismos.

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